A que visiten mi otro blog, que es http://carnegieandkafka.blogspot.com

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Hoy mientras en un bar esperaba a Andrea y Philip, leía a Krishnamurti. En una parte K. cita a Borges cuando dijo de la guerra de las Malvinas que era la pelea de dos pelados por un peine. K. solo dijo que era un escritor argentino famoso pero que no se acordaba como se llamaba y el interlocutor se lo recordó.
El comentario de K. venía a colación de que para que se diera "lo otro", debía uno ser honesto, o algo así, en especial eso del doble mensaje, como condenar la riqueza y andar en un súper último modelo, condenar el sistema y ser un jefe de personal re cabrón que tiene gente en negro y sirve para tirar gente de la empresa con todo desparpajo, criticar el poder y querer ser presidente de EEUU o Alcalde de Cuevas del Almanzora.
Bueno lo mejor es que cada uno lo lea.
Supongo que el blog es lo más parecido al jazz, pura improvisación. Entonces hoy 19 de octubre del 2005, mientras dan Hospital Central, yo permanezco tecleando en el ordenador en un apartamento de Cuevas del Almanzora, un pueblo del sur de España, más precisamente perteneciente a Almería. Un pueblo donde estoy viviendo desde hace ya tres años y medio y todavía recuerdo los primeros días con una lluvia tremenda, en el mes de mayo.
¿Para quien escribir? – «Si escribes una anotación en tu weblog pensando en que eso es lo que alguien que te lee quiere que escribas, no has entendido lo que es un weblog (…) Es muy común que un nuevo weblogger anuncie al «público» a los tres meses que «necesita un descanso», para volver a la semana siguiente diciendo que ya no escribirá para su «audiencia». ¿Qué audiencia? Si quieres un weblog interesante sólo debes escribir para una audiencia: tú mismo.»cita de microsiervos
Creo que siempre uno escribe para uno mismo y que el blog "atrapa" peces cuando están vivos y visibles, si dejamos pasar el tiempo se habrán perdido en el fondo del pantano.
De todos modos no siempre es así, creo yo, puede que algunas cosas se vayan conversando con uno mismo.
Respecto a que el blog es un café digital, surrealista, donde no hay camareros, no hay amigos visibles, por cierto que vale la metáfora. Si Borges y Macedonio Fernandez hubieran conocido al blog, hoy tendríamos sus esotéricas conversaciones.
Ha muerto el sábado 11 de junio, Juan José Saer. Su concepto de ficción no difiere de la tesis doctoral de Mario Vargas Llosa (Historia de un deicidio), quien considera al escritor un dios creador de mundos autónomos. Saer insiste mucho en la necesidad de la verosimilitud, más que al de verdad. Hay novelas autobiográficas con verdades pero pueden carecer de verosimilitud. Si tienen verdades son fragmentos, unicausales, superficiales, mucho auto bombo, mucho ocultar más que mostrar, pero no en el sentido del iceberg de Hemingway, sino ocultamiento por banalidad o por un pacto con el autoengaño. La novela "Lo es" de Frank Mc Court es un claro ejemplo de autoengaño, de conciencia cómplice diría Sartre. Hay una escena donde baila con una renga y eso le da vergüenza, en ese momento hay un monólogo de la conciencia de Frank que oculta lo que es absolutamente claro para el lector: que él es tan prejuicioso como los que se burlan de ella, él parece no entender nada de lo que pasó, no entiende que la burla de la gente es por su claudicación como supuesto héroe de Corea, se supone que un héroe está como el Quijote con los más necesitados y él no está con la renga, le da vergüenza, también en otras partes de esta novela se oculta su racismo. Cuando el empieza a bailar con la renga, su monólogo está cubierto de groserías y una expectativa que tuve como lector era que esta historia siguiera con verosimilitud por supuesto no como historia de la cenicienta, sino una relación más compleja.
Verdad y verosimilitud son dos palabras con la que todo novelista se las tiene que ver en su oficio. Lo inverosímil convoca a la risa irónica del público o a la desilusión, porque una buena ficción te produce una ilusión, hay un mundo que empiezas a construir en tu cerebro, un mundo justamente autónomo, del que el lector como el escritor no sabe en que terminará, es decir que una verdadera ficción avanza a lo desconocido pero montado en un mundo verosímil, lógico donde existen las leyes de la gravedad y si no existen, por algo será. Por todo esto odio los guiños del escritor o del director de la película, como si en un momento de este mundo se apareciera dios en el cielo con la inmensidad en que aparece un plato volador en la guerra de los mundos de Spielberg y nos hiciera un guiño para desaparecer y no volverlo a ver hasta después de los jinetes del Apocalipsis. Seguramente si pasara eso, nuestro mundo perdería toda verosimilitud, ya nadie creería en nada, ante esa evidencia irónica. Todos se sentarían a esperar a que baje el telón o pulularían los supuestos mediadores ante ese Dios para pedirle cambios en el guión. Habrían entonces mediadores más o menos verosímiles ante un dios que luego de esa aparición repentina a lo Hitchcock, no repetiría su truco más sabiendo que ha metido la pata, que le ha dado demasiados argumentos a los que consideran que el mundo es maya (ilusión), que Berkeley tenía razón, el cuento Las ruinas circulares de Borges o la novela corta La invención de Morel eran solo presagios de esta actitud digamos egocéntrica de Dios. Pero Dios que es omnipoderoso, puede volver la cinta del tiempo para atrás y en ese punto cuando apareció como metiendo la cabeza en una pecera con los ojos abierto, tomar otro recorrido, de modo tal que los hombres nunca sabrían de ese error de Dios.